Descripción
Empezamos por Tudons, y la verdad es que no nos lo esperábamos así. Puerto largo, constante, carretera ancha y paisaje abierto que va cambiando a medida que ganas altura. Tiene ese punto de gigante silencioso: no asusta por porcentajes imposibles, pero se hace serio si decides apretar. Nos encantó. De esos que disfrutas mientras subes.
Después tocó Confrides, y fue otra sorpresa. Más irregular, más juguetón, con tramos que te obligan a levantarte del sillín y otros donde puedes volver a coger ritmo. No es tan conocido, pero tiene carácter y suma bastante desgaste, sobre todo si ya vienes tocado de Tudons.
Dos puertos que no siempre están en el foco cuando se habla de la Costa Blanca… pero que nos dejaron claro que el interior guarda auténticas joyas. Día de los que no esperas tanto y acabas llegando con las piernas bien avisadas.